Fallece el fundador de las peluquerías Raffel Pagès

El afamado peluquero y empresario Raffel Pagès, fundador de la cadena de salones que lleva su nombre, falleció el 9 de mayo a los 78 años en Barcelona. La firma, con alrededor de 80 salones en España y más de 300 personas empleadas (según su propio comunicado), despidió a quien fue una figura clave para varias generaciones de profesionales.

Más allá del tamaño del negocio, su impacto se explica por una idea muy concreta: la peluquería como cultura de imagen. Pagès defendía que el cabello no se entiende aislado, sino en relación con el cuerpo, el rostro, la actitud y el contexto. Ese enfoque terminó influyendo tanto en la formación como en el estilo de trabajo de su marca.

Un icono del sector y un impulsor de la formación

La cadena de peluquerías en Barcelona comunicó su fallecimiento destacando dos rasgos que suelen aparecer en todos los testimonios: su papel como referente del oficio y su vocación por crear estructuras de aprendizaje para mejorar el nivel del sector.

En un entorno en el que muchos salones dependen de la experiencia “sobre la marcha”, Pagès insistía en profesionalizar el proceso: metodología, criterio estético, atención al cliente y gestión. La formación no era un complemento, sino una pieza central del negocio.

Proveniente de una familia de peluqueros

Nacido en una familia dedicada a la peluquería, Raffel empezó en el oficio junto a su padre, quien ejercía desde 1925. Ese aprendizaje temprano, más artesanal y exigente, le dio base técnica y disciplina, aunque su ambición iba más allá de “cortar y peinar”.

Con el tiempo llegó la oportunidad decisiva: trabajar en París. Allí descubrió un ecosistema donde la peluquería convivía con la moda, la fotografía y el lujo, y donde el salón funcionaba como un espacio de estilismo integral, no como un servicio rápido.

Su etapa en Carita y la influencia de Rosy Carita

Pagès tuvo el privilegio de formarse en la prestigiosa casa Carita, en París, considerada un referente internacional durante los años 60. En esa etapa, su mentora fue Rosy Carita, una de las hermanas fundadoras del proyecto, cuya visión conectaba técnica, estética y experiencia.

Según relataba el propio Raffel, en París la peluquería se vivía como un mundo de imagen, estilismo y alta costura. Allí consolidó una idea que repetía a menudo: buscar el equilibrio entre cuerpo, imagen y peinado, para que el resultado tuviera coherencia y personalidad.

Si quieres ampliar el contexto de esa escuela estética, puedes leer una introducción a la historia de la firma en Carita.

Fotografías de pelo y estilismo femenino, inspiración de peluquería

Con esa inspiración parisina, el estilista decidió trasladar a Barcelona un concepto más luminoso y aspiracional. No se trataba de copiar tendencias, sino de elevar el estándar del servicio: diagnóstico, propuesta estética y ejecución impecable.

Barcelona, 1975: el primer salón y el salto a la marca

En 1975 abrió su primer salón en Barcelona. El éxito le permitió colaborar con marcas del sector y trabajar para perfiles muy distintos: profesionales de la imagen, publicidad y clientela particular. La clave fue la consistencia: un estilo reconocible, pero adaptable a cada persona.

Con el crecimiento llegó la necesidad de estandarizar lo que funcionaba sin perder identidad. Pagès entendió pronto que una cadena solo se sostiene si la experiencia se reproduce con calidad: misma filosofía, mismo nivel, distintos equipos.

Hito Qué aportó
Formación en París Visión de estilismo y cultura de imagen aplicada al salón.
1975: primer salón en Barcelona Consolidación de un estilo propio y demanda creciente.
1992: instituto de perfeccionamiento Modelo de formación interna que después se abre al sector.
Museo y archivo profesional Preservación de historia, técnica y referencias estéticas.

Esta línea temporal ayuda a entender que el negocio no creció solo por expansión comercial: creció por método, y por una forma de mirar la peluquería con perspectiva cultural.

El Instituto de Perfeccionamiento: formar para crecer

En 1992, en Barcelona, Pagès impulsó uno de los pilares de su marca: el Instituto de Perfeccionamiento Raffel Pagès. Nació para formar a colaboradores del grupo, pero con el tiempo se abrió a profesionales del sector, convirtiéndose en un espacio de reciclaje y especialización.

Este tipo de centros funcionan como “motor” de una cadena: unifican técnica, mejoran el lenguaje estético y reducen la dependencia de talentos aislados. La formación crea equipo, y el equipo sostiene la calidad cuando el negocio escala.

  • Técnica: corte, color y acabados con criterio.
  • Diagnóstico: leer el cabello, el rostro y el estilo de vida.
  • Atención: experiencia en silla, recomendación y fidelización.
  • Gestión: procesos para que la calidad no dependa del azar.

La idea es simple: cuando el conocimiento se comparte, la marca no se diluye al crecer; se refuerza.

Su visión: “peluquería emocional” e innovación constante

Para Raffel Pagès, la peluquería era más que un oficio. Solía definirla como el “arte de los diálogos y los silencios”, una forma de trabajo donde cuentan las manos, el oído, la mirada y la intuición. De ahí nació su concepto de “peluquería emocional”: escuchar antes de proponer.

Cuando se le preguntaba por las claves del éxito, repetía cuatro verbos que resumían su enfoque: invertir, intuir, investigar e innovar. Es una fórmula que sirve también como guía práctica para cualquier salón que quiera crecer sin perder calidad.

  1. Invertir: en formación, herramientas, producto y equipo.
  2. Intuir: entender lo que busca la clienta o el cliente, incluso cuando no lo sabe explicar.
  3. Investigar: técnica, referencias visuales, tendencias y hábitos reales.
  4. Innovar: adaptar la propuesta sin romper la identidad.

En conjunto, estos principios explican por qué su marca se asoció durante años a una peluquería con criterio estético y sentido de futuro.

El coleccionismo como patrimonio: Museo de Historia de la Peluquería

Su pasión por la historia y el arte se tradujo en un proyecto singular: desde 1960 comenzó a coleccionar objetos vinculados a la profesión. Ese archivo impulsó el Museo de Historia de la Peluquería, que llegó a reunir más de 14.000 piezas, según se ha divulgado en distintas ocasiones.

El valor de este tipo de colecciones no es solo “curioso”: permite ver la evolución de herramientas, técnicas y estilos, y entender que las tendencias vuelven, pero con matices. Conocer la historia ayuda a tener criterio cuando se decide qué adoptar y qué descartar.

Teentrends by Raffel Pagès y el “chic subversivo”

En el año 2000 impulsó una línea dentro del grupo conocida como “Teentrends by Raffel Pagès” (T&T), presentada como una propuesta más transgresora y creativa, que él definía como “chic subversivo”. La intención era clara: abrir espacio a lo experimental sin contaminar la identidad del resto de salones.

Este movimiento tiene lectura empresarial: segmentar permite innovar con libertad y, al mismo tiempo, proteger la percepción de la marca principal. Innovar con estructura suele funcionar mejor que innovar por impulsos.

El negocio permanece en la familia y mantendrá su esencia

Tras el fallecimiento del fundador, la continuidad del grupo recae en sus hijas, Quionia y Carolina, representantes de la tercera generación de esta familia de peluqueros. Su compromiso declarado es mantener la esencia del proyecto: calidad, formación e identidad estética.

El gran reto de cualquier legado empresarial es no convertir la marca en un “recuerdo”. Para que siga viva, necesita criterio en la expansión, cuidado del equipo y una cultura interna coherente. La esencia se protege con procesos, no con eslóganes.

  • Calidad replicable: estándares claros en técnica y atención.
  • Formación continua: actualización real, no solo puntualmente.
  • Identidad: estilo propio, pero flexible a cada persona.
  • Cultura de equipo: atraer, cuidar y retener talento.

Raffel Pagès deja una huella que combina oficio, visión y escuela. Si algo resume su trayectoria es esto: la peluquería se aprende, se piensa y se siente. Para los profesionales, el mejor homenaje es aplicar ese método: escuchar, formarse y trabajar con criterio.