¿Cómo optimizar mis acciones diarias?

Optimizar tus acciones diarias no es tener que realizar un esfuerzo titánico y ni mucho menos un imposible. Debemos erradicar, sin embargo, las pérdidas de tiempo que se interponen en nuestro camino y que no suelen tener que ver (aunque hay excepciones) con elementos externos a nosotros mismos.  

A la hora de decir “no tengo tiempo” las excusas sobran

Algunos, incluso culpan a internet  y las redes sociales de “distraerlos” de lo importante,  impidiéndoles cumplir con sus objetivos diarios. ¿Pero qué tal si transformamos las excusas en programas de acción? He aquí una serie de consejos eficaces para que el tiempo pase volando.

Algunos problemas, muchas soluciones

Antes de comenzar a enumerar los problemas, te proponemos que hagas un autoanálisis, es decir, que reflexiones acerca de ti mismo y tu uso del tiempo.

Si te ves identificado con alguno de los siguientes problemas, nada más tienes que emplear las correspondientes soluciones que te proponemos y adaptarlas a tu particularidad. Si lo haces, el éxito está asegurado.

Centrarnos en las demandas ajenas en lugar de las propias o bien pensar sólo en el corto plazo, son dos problemas cuya solución radica en la planificación.

¿Pero qué es lo que debemos tener en cuenta a la hora de planificar?  Primero que nada atender a las prioridades. 

Para ello debemos preguntarnos ¿qué objetivos quiero alcanzar a corto, mediano y largo plazo?, ¿Qué cosas son realmente importantes y útiles para conseguir las metas que se enumeran en la respuesta anterior?, ¿De qué actividades diarias puedo prescindir sin afectar mis propósitos?

Es importante que la organización esté escrita y que incluso los imprevistos sean ponderados en la misma. Dividir las grandes acciones en pequeños pasos puede ser una salida exitosa para no sucumbir ante una tarea que parece demasiado imponente.  

Guiarse estrictamente por lo que dice la agenda y sin mirar a nuestro entorno, puede traernos serias consecuencias si de optimizar el tiempo se trata. Por ello, la flexibilidad es imprescindible.

¿Pero qué es lo que debemos cambiar “sobre la marcha”? Las metas nunca, pero los medios sí. 

Las formas de llegar a lo que quiero pueden variar de acuerdo a las exigencias del contexto, por lo cual mantener una mente abierta es sinónimo de éxito.

Si bien las agendas detalladas parecen herramientas para “hombres de negocios”, la realidad es que todos necesitamos organizarnos ya que el tiempo es un recurso valioso. Y  no lo llamamos recurso livianamente ya que recurso en economía hace referencia a un bien material o inmaterial que tiene incidencia en la generación de valor y el tiempo que “sacrificamos” para realizar determinada tarea ya no lo tenemos disponible para dedicarnos a nuestra actividad productiva, es decir, a trabajar.

Hay momentos del día en que parece que no puedes más, sin embargo hay otros en los que parecieras estar lleno de vitalidad.

Por eso reconocer las horas del día en la que te sientes más productivo e incluirlas en la organización vista más arriba implica sacarle provecho al autoanálisis que mencionamos al principio de este apartado.

Por más que cumplas con la definición de objetivos, hay ocasiones en las que parecen hacer mucho pero obtienen pocos resultados ¿Por qué  puede ocurrir esto?

Porque haces muchas tareas a la vez. Evitar la multitarea nos hará no sólo eficaces, sino también eficientes, aunque por otro lado puedes mejorar la relación medios-fines si agrupas tareas.

Esto último implica realizar de manera  sucesiva actividades del mismo tipo o similares, para  optimizar el nivel de concentración.

Si a veces te sientes abatido esto también puede afectar tu rendimiento

No menosprecies el hecho de trabajar en la eficiencia emocional. Aprender a gestionar y controlar tus emociones es fundamental.

Para ello debes tener en claro que premiarte cada vez que cumplas con tus objetivos diarios o bien realices una actividad en el tiempo previsto, puede ser muy efectivo y es que gracias a  estas “auto recompensas” reforzarás tus comportamientos positivos y útiles.

Si a veces te sientes abatido esto también puede afectar tu rendimiento

 A su vez ser conscientes de que no todo está bajo nuestro control, que hay situaciones que nos condicionan y no podemos manejar, nos quita algo de presión. ¡Pero cuidado! Debemos ser permisivos con nosotros mismos y entendernos, pero nunca buscar excusas para no volverlo a intentar cada día.  

Otra manera de ayudarnos emocionalmente consiste en esta simple táctica, transformar los “tengo” en “quiero”. En este sentido en lugar de decir “tengo que estudiar” puedes plantarte y decir “quiero estudiar”, lo cual iluminará la parte positiva de la tarea y te va a predisponer mejor a realizarla.

Ocuparnos de las rutinas indispensables para subsistir nos lleva tiempo pero no nos reporta ninguna contribución a metas más trascendentales, por lo cual reducir el tiempo de su realización puede resultar una buena estrategia.

Planificar de antemano lo que vamos a comer y vestir en la semana nos quita una preocupación de la mente, una opción también es incluir en nuestra dieta superalimentos que nos aporten más nutrientes en lugar de picar entre horas. Además, repartir el trabajo en familia y saber delegar nos ayudará a optimizar.

¿Qué hago si no tengo estas habilidades?

Pues las desarrollas, nada más ni nada menos y es que nadie nace sabiéndolo todo. No es un don mágico, no tampoco es hereditario, ni mucho menos.

Organizar es un arte que se aprende y está científicamente comprobado que la neuroplasticidad permite a nuestro cerebro moldearse en pos de la incorporación de nuevos conocimientos, habilidades y destrezas. 

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